jueves, 2 de enero de 2014

Historia de la mujer como objeto sexual.

Situación.

Desde las primeras sociedades prehistóricas matriarcales, en europa, y con el desarrollo posterior de las civilizaciones y su acomplejamiento, el hombre ha ido ganando la voz cantante en el control de las actividades consideradas importantes de la vida llegando a  dejar a  la mujer   en un segundo plano realizando las  tareas del día a día consideradas poco importantes, cotidianas y que no  necesitan gran cantidad de fuerza o intelecto, pero si tediosas y muchas veces agotadoras.
No fue hasta principios  del siglo XX cuando el papel de la mujer en el mundo exterior a sus hogares comenzó a cobrar cierta importancia (hasta entonces por supuesto había habido por supuesto mujeres excepcionales que habían protestado como es el caso de Mariana Pineda, pero eran escasas, y  su rebeldía fue duramente reprimida).
Surgían así, en los años 20 las primeras sufragistas. La ropa se masculinizó, con vestidos de estilo recto y nada apretados que no marcaban excesivamente las curvas, debido a su holgadez. El pelo comenzó a llevarse muy parecido al de un hombre y el largo de sus faldas menguó, como forma de protesta.

 A la izquierda vestido de tipo años 20, a la derecha una mujer vestida con el típico atuendo de un hombre de la época.

Este último detalle, es decir, el del acortamiento progresivo de las faldas, es clave para entender el machismo de carácter sexual que crece hoy día en países como España e Italia, (siendo considerado este último como el país más machista de Europa en cuanto a la presentación de la mujer como objeto sexual). Esta forma de violencia pasa inadvertida la mayor parte de las veces, o no se le da demasiada importancia  cuando realmente la tiene, pues es la principal causa de la forma retrógrada de pensar en muchos jóvenes de la actualidad, tanto del sexo masculino como del femenino.
Así pues, en un inicio, el método de ir enseñando progresivamente más partes del cuerpo femenino, (que en ese entonces solo en el caso de la mujer tenían connotaciones de tipo sexual), fue una técnica revolucionaria, con intención de desafío,  pero desencadenante de la posterior visión de la mujer como objeto sexual.


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