Situación.
Desde las primeras sociedades prehistóricas
matriarcales, en europa, y con el desarrollo posterior de las civilizaciones y
su acomplejamiento, el hombre ha ido ganando la voz cantante en el control de
las actividades consideradas importantes de la vida llegando a dejar a
la mujer en un segundo plano realizando las tareas del día a día consideradas poco
importantes, cotidianas y que no
necesitan gran cantidad de fuerza o intelecto, pero si tediosas y muchas
veces agotadoras.
No fue hasta principios del siglo XX cuando el papel de la mujer en
el mundo exterior a sus hogares comenzó a cobrar cierta importancia (hasta entonces
por supuesto había habido por supuesto mujeres excepcionales que habían
protestado como es el caso de Mariana Pineda, pero eran escasas, y su rebeldía fue duramente reprimida).
Surgían así, en los años 20 las primeras sufragistas.
La ropa se masculinizó, con vestidos de estilo recto y nada apretados que no
marcaban excesivamente las curvas, debido a su holgadez. El pelo comenzó a
llevarse muy parecido al de un hombre y el largo de sus faldas menguó, como
forma de protesta.
A la izquierda vestido de tipo años 20, a la derecha una mujer vestida con
el típico atuendo de un hombre de la época.
Este último detalle, es decir, el del acortamiento
progresivo de las faldas, es clave para entender el machismo de carácter sexual
que crece hoy día en países como España e Italia, (siendo considerado este
último como el país más machista de Europa en cuanto a la presentación de la
mujer como objeto sexual). Esta forma de violencia pasa inadvertida la mayor
parte de las veces, o no se le da demasiada importancia cuando realmente la tiene, pues es la
principal causa de la forma retrógrada de pensar en muchos jóvenes de la
actualidad, tanto del sexo masculino como del femenino.
Así pues, en un inicio, el método de ir enseñando progresivamente
más partes del cuerpo femenino, (que en ese entonces solo en el caso de la
mujer tenían connotaciones de tipo sexual), fue una técnica revolucionaria, con
intención de desafío, pero
desencadenante de la posterior visión de la mujer como objeto sexual.
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